MENÚ

H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj interviene en la XXI Multaqa de las Culturas

H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj

Fecha

4 y 6 de junio de 2025

Lugar

Valencia

NOTICIA

FOTOS

VÍDEO

GALERÍA DE FOTOS

NOTICIA

H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj interviene en la XXI Multaqa de las Culturas en Valencia, centrada en el Grial como símbolo de mediación

 

Valencia, junio de 2025 – La ciudad de Valencia ha acogido durante los días 4 y 6 de junio la XXI edición de la Multaqa de las Culturas, un encuentro promovido por la Asociación Valencia-Mediterráneo para la UNESCO, con el lema “El Grial de Valencia: Crisol de la Mediación”, que reunió a representantes institucionales, líderes religiosos y expertos en diálogo intercultural en distintos espacios emblemáticos de la ciudad.

Uno de los momentos más relevantes del programa fue la intervención de H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj, Presidente del Foro Interreligioso Transcendence representante de la Comunidad Védica de España, quien participó en la mesa sobre mediación intercultural el 6 de junio en el Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia.

La Multaqa abordó el Santo Cáliz de Valencia no solo como un elemento patrimonial, sino también como símbolo espiritual y vehículo de diálogo entre religiones y culturas. Swami Rameshwarananda, junto a representantes de diversas confesiones —islámica, judía, budista, bahá’í y sefardí—, aportó su visión sobre la espiritualidad como base para la paz y la mediación en el mundo contemporáneo.

El evento se desarrolló durante varias jornadas, con actos destacados en el Palacio Colomina, el Colegio de Arquitectos y la Iglesia de Santa Catalina, culminando con una emotiva ceremonia interreligiosa por la paz y la concordia, en la que también participó Swami Rameshwarananda. Este último acto reunió voces espirituales en un gesto simbólico de unidad entre credos.

La Multaqa, que cuenta con la credencial de la Presidencia de Honor de SS.MM. los Reyes, reafirma la voluntad de Valencia como ciudad de encuentro, y consolida su papel en la promoción del entendimiento intercultural y el diálogo espiritual desde una perspectiva plural.

 

A continuación se adjunta el aplaudido discurso de H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj pronunciado durante la jornada.

 

« Hari Om y Namaste,

Es una profunda alegría reencontrarme con todos vosotros en esta nueva edición de la Multaqa de las Culturas, un espacio que, más allá de las palabras, encarna un gesto valiente: el de sentarse juntos, escucharse, reconocerse. Para mí, participar en esta jornada dedicada a la mediación intercultural es no solo una oportunidad de reflexión, sino también un acto de compromiso con la paz y con la esperanza que nos convoca.

Vivimos en una época en la que el progreso se mide con indicadores que poco tienen que ver con la plenitud del ser humano. Se habla de crecimiento, de productividad, de eficiencia… pero pocas veces se habla de sabiduría, de sentido, de silencio. En esta carrera acelerada hacia el futuro, hemos ido desplazando lo esencial. Hemos confundido ser con tener, como si el valor de una persona pudiera medirse por su capacidad de acumulación —de bienes, de datos, de seguidores— en lugar de por su lucidez, su compasión o su capacidad de presencia.

Peor aún, hemos llegado a llamar humano a lo mundano, como si lo inmediato, lo utilitario o incluso lo banal definiera la medida de nuestra existencia. Pero lo verdaderamente humano no es aquello que nos entretiene o nos satisface momentáneamente, sino aquello que nos eleva, que nos conecta con lo sagrado, con lo invisible, con el otro.

Este desplazamiento del ser hacia el tener no es una simple anécdota filosófica. Es el origen de muchas de las fracturas que hoy nos dividen como humanidad. Cuando el tener se convierte en el objetivo último, entonces el otro deja de ser un hermano y se convierte en un competidor. Se desdibujan los vínculos y se impone la lógica del rendimiento, incluso en las relaciones más íntimas. Y así, mientras la tecnología avanza, el alma retrocede.

Por supuesto, no se trata de rechazar la tecnología, sino de ponerla al servicio de lo humano. Pero para eso necesitamos un criterio, una brújula interior. Y ese criterio no puede venir del mercado ni del algoritmo: debe brotar de la filosofía, de la contemplación, de la espiritualidad. Solo así podremos equilibrar el vértigo del avance con la profundidad del sentido. Solo así la tecnología dejará de ser una amenaza para convertirse en un instrumento de mediación, en una herramienta para la esperanza.

En este tiempo de incertidumbres superpuestas, donde el orden mundial parece descomponerse sin que un nuevo equilibrio haya emergido, se hace evidente que necesitamos un nuevo consenso global. Pero no un consenso basado en la imposición, ni en los cálculos estratégicos de las potencias, ni siquiera en los grandes relatos ideológicos que tantas veces han fracasado. Lo que necesitamos no es tanto un nuevo sistema, sino un nuevo acuerdo interior.

Ese consenso profundo solo puede nacer de una mirada espiritual. Porque la espiritualidad, a diferencia de la ideología, no busca uniformar, sino unir sin confundir; reconocer lo común sin borrar lo particular. Es desde esta conciencia de unidad en la diversidad que podemos aspirar a un verdadero diálogo entre civilizaciones, religiones y pueblos. Un diálogo que no niega el conflicto, pero que lo acoge como oportunidad de transformación.

Desde mi experiencia, creo que escuchar verdaderamente, tanto a los demás como a uno mismo, es un arte olvidado y, sin embargo, esencial. A través de la escucha profunda, uno puede descubrir que el sufrimiento y los conflictos personales son los mismos que enfrenta la humanidad entera. Así, el individuo y el mundo no están separados: tú eres el mundo y el mundo eres tú. No se trata de una teoría, sino de un hecho observable. Todos compartimos una misma estructura psicológica, sin importar cultura, raza o lengua. Para cambiar la sociedad, no basta con abordar problemas periféricos como las guerras o la paz: lo fundamental es la transformación profunda del ser humano.

Sin una transformación radical de nuestra mente y de nuestro corazón, seguiremos reproduciendo división, conflicto y autodestrucción, por muy buenas que sean nuestras intenciones. El cambio que anhelamos no vendrá desde fuera, ni de los sistemas ni de las instituciones. El verdadero cambio empieza en cada uno de nosotros. Y solo puede comenzar si tenemos el valor y la sensibilidad de escucharnos de verdad. Esa es la única vía real hacia una transformación global. No hay mediación posible sin esta transformación interior que nos acerca realmente al otro.

En este contexto, quisiera decir algo sobre el papel del mediador. Con frecuencia, se entiende la mediación como una competencia profesional —lo cual, sin duda, es cierto—. Pero lo que propongo aquí es que veamos al mediador no solo como un técnico del conflicto, sino como un ser en transformación. Un ser que ha aprendido a habitar el espacio entre los opuestos, no desde la neutralidad pasiva, sino desde una presencia consciente, compasiva y lúcida.

El verdadero mediador no se limita a facilitar acuerdos. Es, en cierto modo, un testigo de lo humano, un custodio del vínculo, alguien que ha comprendido en sí mismo lo que significa integrar lo que parece irreconciliable. Por eso, no basta con estar formado, sino que también es necesario haberse transformado. No se trata solo de saber técnicas de negociación o habilidades comunicativas, sino de haber recorrido el camino interior que permite sostener el dolor del otro sin juicio, sin prisa y sin miedo.

Recuerdo, en este sentido, una conversación especialmente significativa con un buen amigo especialista en mediación, con quien comparto desde hace años reflexiones sobre el sentido profundo de esta práctica. En un momento de la charla, me dijo algo que nunca he olvidado:

“Querido Swami, el problema no reside tanto en la mediación ni en el mediador, sino en el hecho de que las partes que llegan a un proceso de mediación lo hacen absolutamente convencidas de que tienen la razón. Cada una de ellas espera, en el fondo, que el proceso acabe por darle la razón a ella.”

Aquella observación, tan sencilla y tan certera, me hizo reflexionar largamente. Y es que mientras la mediación sea vivida como una forma sutil de reafirmación del propio ego, difícilmente podrá cumplir su función transformadora. La mediación verdadera no es un intercambio en que cada una de las partes acude pensando que tiene la razón y que terminará por llevarse el gato al agua, sino un espacio donde ambas partes deben estar dispuestas a escuchar de verdad, a ceder, a mirarse con otros ojos. Sin esa disposición interior, no hay reconciliación posible. Por eso insisto: el papel del mediador es importante, pero la actitud de las partes lo es aún más. Y esa actitud exige humildad. Porque sin humildad no hay escucha, y sin escucha no hay esperanza.

Así entendido, el mediador se convierte en un agente de esperanza. Porque al encarnar esa posibilidad de integración, hace visible que el entendimiento es posible. Nos recuerda que la paz no es una idea abstracta, sino una práctica viva que empieza en el corazón del que escucha, del que acompaña, del que media. Y que allí donde alguien es capaz de mantenerse presente entre el dolor y la división, sin romperse ni cerrar su corazón, allí ya está germinando la reconciliación.

Y es aquí donde emerge la palabra que da sentido a todo este encuentro:

“Esperanza”.

La esperanza no es una emoción superficial ni un simple optimismo pasivo. No se trata de esperar que las cosas cambien por sí solas. La esperanza, en su sentido más profundo, es un acto interior, una decisión silenciosa de no renunciar a lo humano. Es la certeza de que, incluso en medio de la confusión y la fragmentación, sigue siendo posible el entendimiento, sigue siendo posible la reconciliación.

Mediar, entonces, es un acto profundamente esperanzador. Porque implica creer en el otro. Implica confiar en que, a pesar de las heridas, aún somos capaces de escucharnos. Que más allá de los intereses, hay un anhelo compartido de verdad, de paz, de dignidad. La mediación nos recuerda que el conflicto no tiene por qué conducir al enfrentamiento, sino que puede ser una oportunidad para crecer, para comprender, para sanar.

Pero esa esperanza no es abstracta. Tiene rostro, tiene cuerpo, tiene voz. Se encarna cada vez que alguien decide no reaccionar con violencia. Cada vez que una cultura abre sus puertas a otra. Cada vez que un ser humano se atreve a escuchar, en lugar de imponerse.

En este sentido, tan sólo relatar una pequeña anécdota: participé en una visita histórica a los campos de refugiados y a la ciudad de Chernivtsi, en Ucrania, el 12 de abril de 2022. Digo histórica, porque era la primera vez en la que una delegación de alto nivel de líderes religiosos del mundo se implicaba, en defensa de los refugiados, en un conflicto armado. La misión consistía en llevar un mensaje universal de paz y demostrar amistad y solidaridad con todos aquellos que estaban siendo afectados por la guerra. Lo importante es que, en los campos de refugiados, la clave, para establecer una comunicación fluida y efectiva con el inmenso dolor reinante, consistió principalmente en escuchar de corazón y guardar un silencio lleno de intención.

Por eso, cuando hablamos de la mediación como esperanza, estamos hablando de algo profundamente espiritual, profundamente humano y también profundamente político. Porque construir esperanza hoy es un acto de resistencia frente al cinismo, frente al miedo, frente a la resignación. Y cada mediador, cada mujer y cada hombre que decide comprometerse con este camino de entendimiento, es ya un embajador de esa nueva humanidad que entre todos estamos llamados a construir.

Que esta Multaqa siga siendo eso: un espacio de concordia global donde se labra la esperanza.

Que sepamos cuidarlo con la misma atención con la que se cuida lo sagrado. Y que sigamos escuchándonos —de verdad— como quien se sabe parte de un único corazón.

 

Om Shanti Shanti Shanti.»


Intervención de H.E. Pujya Swami Rameshwarananda Giri Maharaj

“La Mediación Intercultural” – Multaqa de las Culturas – Valencia, 6 de junio de 2025

 

SALA DE PRENSA:

Valencia News

Es Diario

Arquitectos de Valencia

Diario judío

 

 

Fotos: Marcos Soria

FOTOS